La habilidad no es nada sin la oportunidad.


Hace un tiempo oí parte de una conversación que encuentro relevante para los acontecimientos de los últimos días. Una pareja hablaba de igualdad, diversidad e inclusión:

Él: “Sí sí, vos muy pro igualdad e inclusión. Hasta que te toque compartir un baño con un mae trans y te vas a morir de la angustia”

Ella no le pudo contestar, probablemente porque en efecto concedió que en tal situación se sentiría sumamente incómoda.

Creo que comprendo el sentimiento que secuestró a la señora. ¿Quién no ha sentido incomodidad ante el encuentro de alguien diferente? Alguien a quién es difícil comprender. Alguien que la sociedad ha satanizado. Estoy segura que en el momento en que su esposo le soltó “la verdad” fue inevitable para la señora que su cerebro le enseñara una persona con las peores características  de un estereotipo. Estoy segura que ella pensó en un tipo, rudo, sucio, exhibicionista, grosero, alguien que no la respetara, que tal vez le dijera alguna grosería, alguien tal vez que su apariencia física no fuera la más ordenada, que tal vez no tuviera aún definidas las facciones tradicionales de un género u otro. Porque lastimosamente si mal no recuerdo esa fue la imagen que muchos se han empeñado en vendernos.

Está tan arraigada esa imagen de que “el otro” es terrible. Que no viene a nuestra mente la imagen de esas personas con las que compartiríamos baños son como las decenas de personas con las que nos topamos todos los días. Las personas que tampoco están felices de usar un baño público. Las personas que también preferirían no tener que toparse con otra gente en el baño, se lavan las manos igual que todos, tal vez nos sonrían silenciosamente, tal vez no hagan contacto visual y continúen su vida sin acordarse de nosotros y viceversa.

Tampoco pensamos en las personas con las que ya compartimos el baño e igual son rudas, sucias, irrespetuosas. Porque hay personas que cumplen con todas las características indeseadas que ya comparten el baño con la señora de la historia, comparten baño conmigo. Igual muchas me han sentido sentir mal.

Ayer con la noticia del TSE aprobando el cambio de nombre por identidad de género, no puedo dejar de pensar ¿Hasta cuándo? Hasta cuando vamos a negarle a personas derechos fundamentales. Hasta cuando vamos a atacarlas viciosamente y excluirlas por nuestros miedos. Hasta cuando por una característica física o una preferencia sexual vamos a automáticamente añadirles otras características dañinas a un individuo. Hasta cuando vamos a dejar que nuestro cerebro se haga imágenes y no se las cuestionemos, que veamos una mujer y la creamos menos capaz, que inteligencia no sea lo primero que alaguemos en alguien de género femenino, que creamos que ser homosexual lo hace a uno inmediatamente promiscuo, que lo hace querer que todos sean homosexuales, que ser hombre lo hace inmediatamente machista y deportista, que ir a la iglesia nos hace mejores…

De todas las formas que clasifiquemos a los humanos: hombres, mujeres, trans, homosexuales, ricos, pobres, educados, analfabetas, ateos, religiosos, solteronas, amas de casa, ingenieros, doctores, jardineros, liguistas, saprisistas… en todos se encuentran de los mejores y de los peores tipos de personas en todos hay asesinos, ladrones, estafadores, violadores. En todos hay honestos, trabajadores, generosos, respetuosos.

Así que no gente, dandole más derechos a las personas no estamos generando abusadores, violadores, estafadores, ladrones, asesinos, usureros, promiscuos, adúlteros, todos esos ya existen, todos esos ya se burlan de los sistemas existentes, hay de esos entre los religiosos, heterosexuales y de “familias tradicionales” que tanto defienden. Y hay de esos entre los homosexuales y trans a los que se les estarán dando nuevos derechos. Pero precisamente porque a pesar de que haya abusadoras, asesinas y estafadoras yo todavía tengo el derecho de ir a darles clases a adolescentes, a pesar de que haya personas sin escrúpulos que abusen de identidades y otros sistemas yo todavía puedo viajar y todavía me puedo casar si me diera la gana. Por las personas que quieren hacer las cosas por las razones correctas por ellas debe existir el proceso para que vivan sus vidas como se lo merecen.

Especialmente si tomamos en cuenta que en los lugares donde tales “actos descabellados” se han llevado a cabo, los sistemas no han colapsado, no se ha acabado el mundo, y hasta se han visto reducciones en suicidios en adolescentes.

Como personas tenemos el derecho de decidir a quién queremos en nuestras vidas y a quién no. Podemos escoger nuestros amigo cercanos. Sería maravilloso que no descartáramos a personas de buenas a primeras por una característica física, sería maravilloso que no nos tratáramos mal por prejuicios. Sería maravilloso que nos cuestionáramos las decisiones que tomamos con respecto a una persona. Es esencial que hasta no se demuestre lo contrario una persona se merece mi respeto y me cortesía.

Pero como país, como país es un deber darle a las personas los derechos que nos hacen humanos, asegurarle a todos la oportunidad de una vida digna. En este momento un pedófilo se puede casar con quién sea siempre y cuando sea del sexo opuesto. Mientras que una persona saludable, productiva, respetuosa, que mantiene relaciones consensuales con otro adulto, no puede tener los mismos derechos. La habilidad de hacer un mundo mejor, de aportar al país, de salir adelante no es nada, sin la oportunidad de una vida digna.

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